El matiz cromático y la dinámica matérica en la cerámica de Marián Fernández

Marián Fernández exhibe una variada producción cerámica, desde cuencos y tubos a esferas y bandejas, además de obras planas de formato pictórico y esculturas. Su producción cerámica se fundamenta en las texturas, relieves y cromatismos entendidos en versión de difuminados.

Potencia la materia en sus abstracciones, pero sin renunciar a la forma, especialmente en su producción escultórica, basada en el acontecer austero, en el trabajo de las texturas y en la presencia formal, que oscila desde la actitud biológica y la alegoría de la figura femenina a la potencia de la entelequia formal. Mientras que su creación pictórica plana, de cerámica densa, pero cromática, se fundamenta en las posibilidades del color, concentrando su interés en paisajes inventados abstractos, pero, también, en iconos, signos, elementos referenciales que son producto de los siglos, de diferentes culturas, que nos transportan en un viaje por el tiempo.

En líneas generales su creación es atemporal, aunque indaga en la memoria de la historia, porque parte de tiempos vertidos a través de sus pátinas cromáticas, en las que el poso del tic tac del segundo ha hecho mella, convirtiéndolas en clásicas, imperecederas, dado que poseen la solidez del cambio entretejido en el magma de su propia idiosincrasia.

Capta la materia para cautivar la póesis, buscando elementos inteligentes en la propia estructura, que conecta con la energía de los relieves y con la austeridad de una paleta cromática que no renuncia al carácter.

Su producción cerámica es contemporánea, busca la belleza, sin desestructurar lo orgánico, permitiéndose, en determinadas obras, conexiones con la fuerza del destino, es decir con la propia independencia de la creación de una autora que sabe perfectamente que el camino es la honestidad en afrontar el desarrollo de lo puro.

Sus tubos y vasijas son cromatismos que enlazan con el espacialismo de la no forma, insertándose en actitudes fundadas en la fortaleza del discurso cromático. En el caso de sus bandejas son obras que se concentran en las texturas, los relieves y el poder del rompimiento contenido en la propia esencia de la materia. Sus cuencos exhiben la irregularidad de la forma para resaltar su expresividad, dentro de un planteamiento cromático de colores insinuantes y sobrios a la vez, de una estudiada austeridad.

Marián Fernández viaja a través de la forma para conectar con el fondo, a través de la graduación de colores y de la implementación de texturas. Aporta contemporaneidad a una cerámica que es clásica en su predisposición pero no en sus resultados.

Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)